¿Para qué cambiar?
«La vida es cambio, es transformación», dicen…
“La vida es cambio, es transformación” es una de esas frases que oímos y repetimos casi sin pensar. Suena auténtico, inspira… pero si nos detenemos un momento, la realidad es otra: hacer que realmente algo cambie, puede no ser un fenómeno tan natural, y muchas veces pasan los años y seguimos prácticamente en el mismo lugar en el que dijimos que íbamos a cambiar.
Porque cambiar no es una idea bonita. Cambiar es un proceso, no es decidirlo hoy y cambiar mañana.
Y lo cierto es que las oportunidades reales de cambio no son tantas como creemos. A veces llegan impuestas por la vida y aparece un punto de no retorno que puede incluso hacernos cambiar sin que nos demos cuenta. Otras veces, simplemente no contamos con algo fundamental: el espacio, las herramientas necesarias para entender qué necesitamos y dónde se encuentra nuestra fuerza para alcanzarlo.
Normalmente todo falla cuando pasamos gran parte de nuestra vida proyectándonos: “voy a hacer esto…”, “voy a probar esto otro…”, “esta vez si hago esto… » pero sin una implicación real detrás, esos intentos acaban frustrándose una y otra vez o se convierten en «arranques», pero falta la pieza fundamental, tú.
El cambio casi siempre nace de la insatisfacción. Obviamente, nadie cambia aquello que le hace sentir bien o le promete un desarrollo. Nadie se mueve si no hay algo dentro que le incomoda lo suficiente como para no poder ignorarlo más.
Somos, en parte, «lo que podemos ser», eso es una realidad, pero, desde mi punto de vista, en muchos momentos tampoco nos hacemos una idea de lo que podemos, voluntad mediante, ser.
La diferencia está en cómo de profundo estamos dispuestos a trabajar sobre ello. Y ahí, en lo profundo, es donde empieza el verdadero camino.
Lorena Mateo Herreros, 31-03-26.