Hay decisiones que te cambian la vida. Cuando son de verdad, realmente te cambian la vida.
Empecé a trabajar muy joven por una serie de casualidades fortuitas, fue algo que me llegó en un momento en el que estaba bastante perdida, y de repente, me vi dentro del mundo de la interpretación, sin haberlo buscado y sin conocer absolutamente nada de ese medio.
Una cosa llevó a la otra y quizá por tirar hacia adelante y no querer ver y también por las peculiaridades, ventajas y cosas bonitas que tenía esa profesión, me quedé. Durante cuatro o cinco años.
Es verdad que es un trabajo que tiene una parte muy interesante, pero otras partes me interesaban menos y lo más importante, es que había algo dentro de mí que no me hacía sentirme del todo cómoda, y era que yo no había tenido la oportunidad de estudiar.
No haber estudiado una carrera, era algo que tenía muy clavado. Y eso lo llevé dentro tiempo, hasta tal punto que me perdí mucho en qué quería en la vida y también acabé teniendo ideas bastante equivocadas sobre las profesiones, ya que a lo que me estaba dedicando no consistía en un trabajo «al uso» y a veces ese no es el mejor medio para educarte en una realidad si no tienes la suerte de estar bien rodeado.
El caso es que yo tenía esa espina. Y aunque sé que tener una carrera no es necesario ni garantiza nada, para mí era importante y me sentía culpable por no haberlo hecho, me generaba mucha frustración y también cierto sentimiento de inferioridad.
Con 26 años empecé a plantearme volver a estudiar y no estaba en una situación en la que pudiera hacerlo sin más. Tenía que trabajar, buscar una estabilidad y sacarlo adelante por mi cuenta.
Decidí hacerlo a través de la UNED, con mis medios y elegí Psicología, porque era algo que tenía que ver con mis intereses y mi vocación.
El principio fue muy duro porque no conocía el sistema, y no entendía cómo funcionaban los exámenes ni la forma de estudiar. Y después de un cuatrimestre estudiando, suspendí los primeros tres exámenes de los que me matriculé.
No entendía por qué, ya que hacía tiempo que no estudiaba, si, pero nunca había suspendido, ni muchos menos tres exámenes seguidos… Ahí me di cuenta de que había una exigencia distinta y de que tenía que aprender a estudiar de otra manera.
Pasé un momento de crisis, pensando incluso en que quizá era demasiado ambicioso para mí, hasta decidí que si lo que había que hacer era aprenderse los manuales de memoria, así haría.
Y así empecé.
Durante los cuatros primeros años compaginé la carrera con trabajos de hostelería, incluso con un día a la semana de mi jornada de 12 horas de trabajo seguidas, y realmente vivía cansada del trabajo físico. Mi vida era estudiar y trabajar.
Hubo muchos días en los que me levantaba a las 4:30 de la mañana para ir a la biblioteca nocturna para luego entrar al trabajo temprano y luego regresar a la biblioteca a las 18h.
Y durante todo el proceso, desde la primera asignatura hasta la última, lo hice con mis circunstancias, en mis tardes, en mis fines de semana, en mis días libres. Sin fallar ni un día. Como podía, pero sin fallar.
Hubo momentos muy duros en el proceso, momentos de cansancio y de querer dejarlo, o plantearme hacer otra cosa con otros hobbies e intereses. Y fue en ese momento, a los cinco años de estar estudiando, cuando decidí que «mi posibilidad de tomar una decisión» sólo iba a ocurrir cuando tuviera mi título en la mano, y me decía a mi misma cosas como: «vale Lorena, decidirás si quieres irte a abrir una cafetería a la China, pero lo harás cuando tengas tu título en la mano…»
Por otro lado, la realidad es que no tenía claro a dónde me iba a llevar todo eso, qué iba a hacer después, cuales serían mis siguientes caminos al acabar, realmente la única certeza que he tenido durante todos estos años ha sido que yo no estaba bien como estaba y que necesitaba hacer algo para cambiarlo.
Y en septiembre de 2025 hice mi último examen.
Han sido casi nueve años de esfuerzo constante.
Y qué rápido se nos olvida lo que hemos hecho y lo que nos ha costado. Es importante recordárnoslo de vez en cuándo.
Después vino el momento de integrar todo el proceso y de entender lo que ha supuesto para mí. Qué persona he sido todo este tiempo, con esa carga de estudiar, estudiar y estudiar. Y aún lo sigo procesando…
Porque más allá de lo externo, de las puertas que esto pueda abrirme o de lo que se valore fuera, esto me ha cambiado por dentro.
Hace nueve años era una persona sin herramientas que hoy si tengo, sin aprendizajes de mi misma, que hoy sí tengo, y estoy viendo el mundo de otra manera.
Hoy soy una persona distinta a la persona que dejé atrás, perdida con 26 años.
Mi camino no es el único camino ni el mejor, ni mis objetivos tienen que ser buenos porque sí, eran los míos.
Lo que importa es que conseguir esto me ha aportado una parte muy importante de mi felicidad hoy.
Por eso he decidido abrir este espacio.
Para ayudar a otras personas que están en un momento en el que se encuentran perdidas, que quieren conseguir algo importante o que están en procesos largos y necesitan apoyo.
Quiero hacerlo con la apertura de miras que me ha aportado mi experiencia, desde la persona que soy hoy, y también desde las herramientas que tengo como psicóloga de la salud y coach.